Los seguros que protegen las cosechas agrícolas, los seguros agrarios, no están a la altura de los tiempos. Se asegura contra la acción de la devastación de los agentes atmosféricos, contra las pertinaces sequías y contra las consecuencias de enfermedades y parásitos, pero no sobre la calidad del producto antes de su recolección.

Creo que si una naranja o una manzana no se pueden comecializar porque el pedrisco ha maltratado la fruta, se puede decir lo mismo del deficiente cuajado del producto. Algo que los seguros agrarios no contemplan y que tiene como resultado la misma circunstancia. Se ha perdido la fruta y no se puede vender.

Se trata de una vieja reivindicación de los agricultores españoles sobre las aseguradoras. Las variaciones anormales de las temperaturas de los últimos años han revelado una deficiencia del sistema de seguros agrarios combinados que no se ha adaptado a las necesidades reales del campo.

La propuesta supone sólo un avance en la extensión de la cobertura de los seguros agrarios que se han desarrollado para otros productos agrícolas.

Así, es reciente la protección contra el ahuecado no natural de las sandías dentro de la protección del policultivo de hortalizas. Una apariencia relacionada con la calidad que guarda similitud con la que se pide para el exterior de la fruta.

Las pólizas de seguros agrarios para cítricos, por ejemplo, dejan bien claro en su texto que se asegura el fruto sólo contra los imponderables una vez que haya cuajado el fruto, cuando se considera que es viable comercialmente.

El agricultor que ha perdido un fruto en el árbol, porque una sequía no lo ha dejado cuajar, ha hecho una inversión que ha perdido. Y, en razón, un seguro agrario tiene que contemplar su cobertura.