Una empresa invierte en equipamiento material, en la mejora de sus recursos humanos y en hacerse ver a través de la publicidad, pero poco se hace por dotarse de valores que no están ni en los equipos, ni surge de los trabajadores de forma espontánea.

La ética de la empresa es un valor de la organización que está relacionada con su filosofía de trabajo, pero también con la forma de mostrarse en servicios y productos a la vista de clientes, consumidores y usuarios. No se toca, no se ve, pero se percibe.

Voy a poner dos ejemplos del mundo del fútbol y de dos organizaciones empresariales, que probablemente conozcan y que puden explicar que es lo que quiero decir con la ética coporativa de las organizaciones empresariales.

Una decisión basada en la ética de empresa fue la tomada por el Real Madrid de no permitir que Cristiano Ronaldo vistiera sus camisetas de colores mientras fuera jugador de su plantilla, en su primera pretemporada en el club blanco.

Ética es también la forma que tiene Pep Guardiola, el entrenador del Fútbol Club Barcelona, de asumir sus responsabilidades cuando se refiere a los éxitos y los fracasos en el terreno de juego. Sinceridad, diálogo y convicciones.

Visto así, tanto un caso como otro, nos dejan ver que las conductas individuales proyectan valores que son percibidos por quienes son espectadores o consumidores de los productos y servicios de las organizaciones.

Conozco muchas empresas de restauración que visten a sus empleados con un atuendo adecuado a su función laboral, que se preocupan por aportarles algo de distinción a su ropa de trabajo.

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Se preocupan por el envoltorio, pero no del interior, fallan en lo esencial, en la ética que debe asistirles en su trato con el cliente. Una palabra amable, un gesto de cortesía, adelantarse a las necesidades del cliente o escucharle es la manera en la que la ética se deja ver.

La manera en la que las organizaciones dejan de ser entes para humanizarse. La ética de las empresas se escribe con hache de humanidad.

Parafraseando unas palabras muy conocidas del filósofo Elbert Hubbart, una máquina puede hacer el trabajo de cincuenta personas normales, pero ninguna puede hacer el de una persona en su papel más humano. Con valores en su trabajo diría yo.