En este post intentaré hablar un poco sobre la industria marshalliana del calzado, la manufactura del calzado casi artesano, una óptima combinación entre la tecnología y el hombre/mujer. He manifestado en algún que otro post que un país no solo puede vivir de los servicios, en concreto de los servicios financieros. En una fase del ciclo en la que abunda el dinero la población en su conjunto se olvida de la industria, del mundo de las fábricas. Nos vamos a los activos financieros, a la bolsa de valores, a los inmuebles, etc. Más tarde se pincha la burbuja y nos invade el pánico y el miedo financiero, todo se volatiliza, todo se convierte en cenizas y en humo.

Si nos paramos a pensar, miramos a nuestro alrededor y a pesar de los problemas de la crisis financiera, de los excesos de la globalización, de las hipotecas basura nacidas en los Estados Unidos, vemos que todavía quedan fabricas, talleres, donde se trabaja duro y no se han guiado por los falsos espejismos de la especulación y la ambición monetaria. Lo que se podría haber hecho en este sector con una pequeña porción de todo el crédito fallido en el entorno financiero de nuestra industria zapatera. Ahora todo son recortes, no hay dinero para subvenciones que permitan asistir a una serie de ferias y exposiciones internacionales tan importantes y necesarias para el futuro de las empresas, de las fabricas.

Parece que a las administraciones publicas tampoco le interesan demasiado estos pequeños y medianos negocios, solo buscan grandes construcciones, grandes proyectos mastodónticos, que posiblemente no servirán para mucho. No importan los sectores trabajo intensivo, no les preocupa resolver el gran tema de la economía sumergida, prefieren asestar un golpe certero con las inspecciones de trabajo, forzar el cierre de las fábricas, aumentar el paro, pagar más seguro de desempleo. No es necesario diseñar un coherente plan de reconversión que permita a los fabricantes contratar más con unas cuotas más razonables en las cotizaciones de los empleados. Si no se regulan estos aspectos ni tampoco se fomenta la investigación y la innovación, se recortan drásticamente las subvenciones que permitan a un mayor número de empresas acceder a la innovación y a la modernización del sector, el futuro será la desaparición en gran medida de las empresas que no puedan soportar tanto desprecio por su futuro.

No olvidemos que de este entramado, cada vez más escaso, la tasa de reproducción empresarial es negativa, salen los zapatos más prestigiosos, que podemos deleitarnos viéndolos en los escaparates de cualquier capital del mundo. Para conseguir subsistir de una temporada a la siguiente la tarea y el esfuerzo a desarrollar es inaudito, fortalecer la imagen de marca, hacer colecciones distintas, diferentes, esto es necesario para ser competitivos, seguir vendiendo zapatos de moda evitando el derrumbe del sector, estoy convencido que nadie vendría a rescatarnos. Esa es la diferencia. Termino con una reflexión del economista Xavier Sala i Martin, creador del índice de competitividad, nos dice que “ cuando uno no puede hacer las cosas más baratas que los demás ni mejor que los demás , a uno solo le queda , una alternativa: hacer las cosas distintas a los demás . Cosas nuevas. Es decir,  a la larga, la competitividad no se basa en los costos sino en la innovación. No hay más.”