inflacion.jpgEn España se hace política de brocha gorda, es decir, basada en eslóganes sencillos y contundentes pocas veces apoyados en un mínimo debate intelectual y, en parte, es culpa de los ciudadanos que a menudo nos quedamos en la mera superficie de los temas cuando no nos distraemos en cuestiones accesorias y debates estériles. Y la culpa no la tiene el fútbol ni la televisión ni tan siquiera la piratería por internet.

Por eso conviene sentarse a pensar ante las propuestas o decisiones políticas porque tras un titular se puede esconder la realidad de las cosas o, al menos, los peligros que quizá acechen. No me sorprende que la actual reforma del IRPF apenas mitigue el daño ocasionado a las rentas de los contribuyentes en los dos o tres años anteriores porque se veía venir y porque a poco que nos paremos a pensar caemos en la lógica de que si nuestros sueldos crecen alrededor de lo que lo hace la inflación sin que se actualicen los mínimos personales y familiares entonces corremos el riesgo de subir de escalón impositivo y pagar más por ganar, en términos reales, lo mismo.

En efecto, la inflación se constituye en impuesto indirecto si no se descuenta su efecto negativo actualizando los niveles, tramos y mínimos que grvan el impuesto en igual medida. Y además, es un impuesto indirecto, actúa de manera independiente a la renta o ingresos de cada sujeto con lo que se comete otra injustica más.

Y es que ya lo dice el refrán, que “una cosa es predicar y otra, muy distinta, dar trigo”.

Vía: heraldo.es