barril.jpgQue en España los precios son inflexibles a la baja se demuestra día sí, día también. Ansiosos por no perder ni un céntimo y aprovechando que «el petróleo ha subido» los incrementos se implantan enseguida pero los descuentos no llegan con la misma velocidad.

La culpa no es tanto de los impuestos, que tienden a igualarse en el panorama europeo, como de la cadena de distribución (una vez más) y la falta efectiva de competencia. En suma que nos situamos en el terreno de la regulación, una tarea que no precisa de fondos ni inversiones elevadas sino de voluntad política para atacar el foco.

No todas las medidas contra la crisis deben consistir en elaborados planes con cientos de millones de presuntas líneas de inversión sino que consisten simplemente en una instrucción o una circular que ponga las pilas a los inspectores.

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