Sí, ya sé que estáis cansados de esa cantinela del cambio de modelo que suena a tierra prometida más allá de Utopía. Pero ese cuestionarse el cambio debe ser la pregunta recurrente que a su vez debería hacerse cualquiera de manera casi constante. Crítica permanente, cambio continuo.

La idea de atrasar la edad de jubilación a los 67 años aunque no pase de ahí en mucho tiempo nos trae a primera línea el debate, que también debería constante y sin pulsiones electoralistas, sobre ese arma fundamental de la economía que son los seguros vigentes cuando se produce el retiro del mercado laboral.

Retrasar la edad de jubilación no soluciona el problema de fondo sólo puede aliviarlo. Salvo que se ese límite se ponga más allá de lo real. En definitiva, se posponen los problemas pero no se solucionan.

El asunto está en si se quiere que las pensiones sigan siendo como hasta ahora a base de repartir la recaudación de las cotizaciones entre cada más gente y más longeva o preferimos que la jubilación exprese la riqueza social y la generada por el sujeto.

Y asegurando que pase lo que pase las pensiones se cobrarán. Dar confianza, en definitiva.