En un informe, que ha dado tranquilidad a Wall Street y sus hordas de inversores, un informe de la calificadora Standard & Poor’s estimó el costo de la actual crisis crediticia en 285.000 millones de dólares para los bancos y entidades financieras norteamericanos en su conjunto.

También anunció que la ola recesiva está por llegar a su fin. Palabras que, según los analistas, son responsables de una leve mejoría en los mercados, aunque insuficiente para detener la escalada de precios del petróleo (el barril de Texas cirios a más de 110 dólares) y una nueva depreciación del dólar volvió ante el euro.
El informe se hace público el mismo día que se anuncia una caída de seis décimas en el consumo doméstico estadounidense y cuando Carlyle Capital, fondo de inversión, anunció su inminente quiebra; ambas caídas sumarían lastre al mercado crediticio.

Hace una semanas, la calificadora había estimado el costo de la crisis en 265.000 millones, y a pesar de que ahora ajusta su cifra en 20 mil millones, Standard & Poor’s sostiene una actitud optimista: para ellos el sector financiero ya ha destapado la mayor parte de ese costo, con lo que según sus estimaciones la crisis está por quedar atrás.

Lejos de este optimismo, analistas creen más certeras cifras como las del G8, que pronostica un costo total de 400 millones de dólares, y una crisis cuyos efectos aún están por llegar.