palomitasdemaiz.jpgLa molestia que produce escuchar el ruido de quienes van al cine a algo más que a ver la película aprovechando la ocasión para comer palomitas tiene una justificación científicamente probada: se venden para compensar el bajo precio de las entradas y además su precio es caro. La venta de estos “accesorios” suponen, sin embargo, únicamente el 20% de los ingresos pero representan el 40% de los beneficios.

La paradoja inherente conlleva la conclusión de que aquello complementario cuesta más que el objetivo primario al igual que los grandes supermercados ofrecen productos a precio de coste con la esperanza de que se adquieran más cosas durante el proceso aprovechando el “ya que estamos aquí vamos a hacer la compra de la semana” o por qué las salas de proyección van pegadas a los centros comerciales, una especie de efecto simbiosis.

Concluimos que el cine no sale caro en sí mismo sino más bien el pack completo película+añadidos como remedio a la imposibilidad, aparente, de segmentar los precios de los filmes en función de su calidad (presunta). Curiosidades que se saltan las leyes básicas de la economía pero que reflejan la realidad.

Enlace: microsiervos.