Si se mantienen los tipos en un 1,25% (cosa poco probable: más bien aumentarán hasta un 2%), el Euribor llegaría a 2,27% a finales de año, y eso significaría un aumento anual de 600 euros en los pagos que se realizan desde los hogares hipotecados. Desde luego, todo crédito de interés variable referenciado al Euribor verá un aumento similar.

El efecto indirecto que se sufrirá con este aumento de la tasa interbancaria (o como se dice, con este aumento del precio del dinero) es que las familias que se ven directamente afectadas con el aumento de sus hipotecas y créditos serán más cautelosas con su gasto, invertirán menos, y eso hará decaer al consumo, cosa que estudios como el Observador Cetelem ya predice.

Sin consumo, habrá nuevas empresas que deberán echar el cerrojo definitivo, aumentará el paro… Y muchos de los nuevos desempleados tendrán una hipoteca a cuestas, con lo que un aumento de la morosidad presionará a la banca, y su falta de liquidez cerrará aún más el grifo de la financiación.

Algunos analistas, quizá alarmistas, quizá no, creen que el efecto dominó del aumento de las tasas podría llevarnos a ser el cuarto país que solicite un rescate a la Unión Europea y al FMI.

Un panorama que, esperamos, sea sólo especulación paranoica.