Ha trascendido que las plantas japonesas afectadas por el terremoto no habían recibido atención en sus sistemas de seguridad antisísmica más que tres revisiones desde hace 35 años… Es decir, desde Chernobyl. El terremoto japonés parece un nuevo clavo en el atáud de la energía nuclear, tantas veces demonizada por los movimientos ambientalistas.

Dos hechos apuntan en esa dirección, fuera de la lucha de los trabajadores japoneses por evitar un desastre mayor: el gobierno alemán ya externó su voluntad de cerrar sus plantas nucleares y el precio de la energía producida por gas natural se ha encarecido un 5% a unos día del terremoto.

Es un hecho que, ocurra o no un desastre nuclear en Japón, seguiremos escuchando a más países que renunciarán a esta forma de energía, con lo que el impulso a otras formas de abastecimiento (térmica, eólica, solar…) se verá potenciado, con el encarecimiento de sus precios y la bendición a los inversores que las incluyan en su cartera.

En España ya se suceden las manifestaciones en contra de la presencia de plantas nucleares y la oposición demanda al Gobierno fijar su oposición al respecto.

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