El precio de la devoción es caro
Pues ya no da renunciar al herético plan de ir a vuelta de rueda en las rutas nacionales y aprovechar los últimos rayitos de sol en la Costa Brava. Quien quiera permanecer en el terruño para participar, castizamente, de una procesión como Dios manda, sepa que la fe cuesta caro, y no hablamos tanto de la mortificación del cuerpo y









